Alejandro Portela

La música de Alejandro Portela nace del clarinete, pero va mucho más allá de él.
Parte del jazz y la improvisación, pero incorpora paisajes sonoros, melodías folclóricas, formas abiertas y búsqueda tímbrica.
Cada composición es una escena, un viaje, un gesto.

Estos primeros trabajos marcaron el inicio de su camino como compositor, intérprete y productor.
Son el resultado de sus primeras exploraciones en el mundo del jazz, donde el clarinete —ya sea soprano o bajo— se convierte en una voz sincera, libre y profundamente expresiva.


Circinus (2021)

Circinus es el punto de partida: 10 composiciones originales que sitúan al clarinete como protagonista absoluto en un universo rítmico, urbano y directo. Con claras influencias de grupos como Lucky Chops, Leo P o Too Many Zooz, este trabajo refleja la energía, curiosidad y exploración de sus primeros pasos como compositor. Un álbum lleno de vitalidad que anticipa la evolución musical y expresiva que vendrá más adelante.

Portada del álbum Circinus

Manhattan Mood (2023)

Manhattan Mood es un viaje sonoro por culturas, emociones y recuerdos que marcan el último año y medio de vida del clarinetista. A lo largo de 12 composiciones originales, Alejandro dibuja paisajes donde confluyen influencias árabes, klezmer y gallegas, con una mirada fresca y personal. Este trabajo representa también una nueva forma de entender el clarinete, llevándolo a sus límites técnicos y expresivos, e inventando nuevas maneras de habitar el instrumento.

Portada del álbum Manhattan Mood

Tras sus dos primeros discos —Circinus y Manhattan Mood—, el proyecto en solitario representa un paso hacia la autoexploración y la independencia creativa.

Alejandro compone, graba y produce todas las partes, construyendo capas con clarinete soprano, clarinete bajo y clarinete metálico, creando un universo sonoro completamente personal.

En este formato, el jazz se entrelaza con la música folclórica, lo cinematográfico y la improvisación, dando lugar a piezas que no encajan en una sola categoría, pero que mantienen una identidad clara: el clarinete como voz central, la emoción como motor, y la libertad como estructura.